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jueves, 5 de noviembre de 2015
jueves, 20 de junio de 2013
El Tesoro del Convento de Clausura
De entre los numerosos secretos y enigmas que Corral de Almaguer aún esconde entre sus viejos muros y legajos a la espera de ser descubiertos y expuestos a la luz, ocupa un lugar de excepción, o quizás deberíamos decir ocupaba, pues desgraciadamente desde el año 2006 ya no se encuentra en nuestra localidad, un pequeño cuadro que colgaba de una de las paredes interiores del coro alto del Monasterio de Clausura. Al encontrarse instalado en la zona de reclusión de las religiosas, no era visible para los fieles que acudían a la liturgia diaria, por lo que sólo cuando se entraba en el interior del recinto monacal -con el permiso del Obispo- era posible contemplarlo en todo su esplendor.
jueves, 7 de febrero de 2013
Corral de Almaguer y la Gioconda
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| La Monna Lisa de Leonardo da Vinci (Museo del Louvre) |
Si ya
resultaba difícil creer que Corral de Almaguer estuviera relacionado con la
corte de Bagdad y el collar de las mil y un noches, imaginaos si os cuento
ahora que también lo estuvo, aunque de forma indirecta, con el cuadro más
famoso del mundo: La Gioconda.
Una de las pocas cosas buenas que tiene el sumergirse entre los montones de documentos y legajos polvorientos que componen la historia de nuestro pasado, es comprobar que de vez en cuando surge alguna sorpresa. Caprichoso como siempre, al destino le gusta jugar con las menguadas capacidades que componen nuestro cerebro y poner en evidencia las limitaciones de sus rudimentarios sentidos; por lo que en ocasiones deja caer delante de nuestros ojos: nombres, fechas, sucesos, detalles importantes que suelen pasar inadvertidos, pero que a veces, sin saber por qué, iluminan algún punto de nuestra oscura memoria y ponen en funcionamiento los intrincados mecanismos de la intuición. Encendida la mecha, se pone en marcha la curiosidad y da comienzo una investigación. Así se inició la presente historia.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Epílogo para el Séptimo Centenario
Ensayo sobre la decadencia y el
abandono de nuestro patrimonio
No sé sí calificarlo como señal de romanticismo o preocupante síntoma de vejez, pero confieso que me gusta pasear por las calles del pueblo durante las horas menos transitadas del día. Al igual que mucha gente de mi generación, tengo grabados en los intrincados recovecos de la memoria, el amplio abanico de ruidos, colores y olores que acompañaron mi infancia, y reconozco que disfruto rememorándolos al atravesar los pocos rincones de la localidad que aún conservan su esencia.
Posando la vista en esa oxidada reja o en aquella vieja pared desconchada y remendada de humedad, puedo viajar en el tiempo y trasladarme a pasadas épocas de bullicio callejero, corrales y patios de vecinos, en los que la vida transcurría a la vez ligera y ruidosa, mezclando el traqueteo sordo y renqueante de las ruedas de los carros, con los olores de las chimeneas, los pucheros hirviendo, la ropa recién lavada y el intenso y característico tufo de los animales de carga (mulas) en su camino diario hacia ninguna parte. Los azulados colores de la mañana imprimían por aquel entonces pinceladas de frescura a las encaladas paredes que componían el decorado de aquel limitado mundo infantil, y los silbidos de las golondrinas y vencejos saludaban con vertiginosas piruetas nuestro trayecto al colegio, mientras jugaban a kamikazes marrulleros que nunca acababan de estrellarse. Finalizadas las clases, el macilento sopor del mediodía extendía una pesada manta sobre el paisaje y el monótono canto de las chicharras nos arrullaba de calma y abandono, hasta que el atardecer nos regalaba de nuevo otro de sus momentos mágicos, al inundar con oro puro las fronteras de nuestros sueños. Las aceras y las plazas se convertían entonces en enormes decorados y las aventuras aparecían por las esquinas o camufladas entre los árboles y las farolas, dispuestas a consumir nuestra niñez entre pan y chocolate o pan y quesito.
jueves, 18 de octubre de 2012
La leyenda de Al-Shifá
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| Retrato de Isabel la Católica de Juan de Flandes |
La Leyenda de Al-Shifá o cómo Almaguer se vio relacionado con Bagdad y los cuentos de las mil y una noches
Resulta difícil -que digo difícil- increíble sería palabra
más acertada, pensar que un pequeño pueblo como el nuestro hubiera estado en algún
momento de su azarosa existencia relacionado con la magnífica y fastuosa ciudad
de Bagdad. Casualidades del destino sería la frase más indicada para describir
esa relación, de no ser porque en ella se encuentran también implicados, para
rizar más el rizo y dar mayor aire de inverosimilitud a la narración, los cuentos
de Las Mil y Una Noches y una de las joyas más espectaculares
jamás engarzada por el hombre: El Collar del Dragón.
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